La música y el baile en Senegal: el poder del sabar (1)

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Una guía sobre Senegal debería dedicar alrededor de la mitad de sus páginas a hablar de su música y su baile. Bien lo saben los que se han dejado poseer por sus ritmos endiablados propulsados por el sabar, el tambor por excelencia de Senegal y único en el mundo. La historia de su rica y personalísima música, con sus variantes y estilos que van mucho más allá del sabar, sus fiestas populares y un repaso a la trayectoria de sus intérpretes más destacados daría para mucho. Y es que Senegal quizás no sea el país de África con más atractivos naturales y paisajísticos, pero su música y su danza, unidas a una proverbial hospitalidad (la “teranga”, en wolof) y la accesibilidad y proximidad de sus artistas, convierten a este país en un paraíso adictivo para cualquiera que ame mínimamente el ritmo. Ya lo dijo alguien: “Nuestro petróleo es nuestra música”.

Esta es la patria, atención, de fulgurantes estrellas del mbalax como Youssou N’Dour o Baaba Maal. También de Omar Pene, Thione Seck, Ismael Lô, Viviane N’Dour, Orchestra Baobab, Touré Kunda… o un sinfín de figuras actuales como Fallou Dieng, Alioune Mbaye Nder, Pape Diouf, Salam Diallo, Abdou Guité Seck, Titi, Assane Ndiaye, Super Ceddo, Pape Ndiaye Thiopet o la joven cantante de moda Aïda Samb, que parece haber tomado con fuerza el relevo a una de las últimas revelaciones, Ami Collé.

Un aviso personal a viajeros que quieran recorrer el contiente africano: empezad primero por otros países porque, tras pisar Senegal, corréis el serio peligro de no conocer nada más. ¡No querréis ir a ningún otro país, porque cualquier otra parte de África se os antojará aburrida y carente de ritmo! Es mucho decir, lo sé, pero conozco muchos casos.

Siendo conscientes de que el espacio es limitado, intentaré condensar los aspectos más destacados de la música y la danza en Senegal a partir de mi experiencia en más de una decena de viajes a este país y de mi particular relación con sus ritmos a lo largo de los últimos… ¡20 años! Justo este verano se cumplirán dos décadas de mi primera visita a Dakar, después de mis primeras clases en Barcelona y una amistad con unos músicos senegaleses que… Bueno, esto sería una larga historia.

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Dejemos claro de entrada una particularidad esencial que hay que tener muy presente. Amigos, futuros bailarines -¡porque os aseguro que bailaréis!-, recordad que ¡esto es África! Y en Senegal, muy en particular, la mejor manera de conocer, vivir y compartir la cultura es… la inmersión. Aquí os daré nombres, lugares, pistas, consejos… pero nada como la estrecha convivencia con los senegaleses para enterarnos, de primera mano, de conciertos, fiestas o el último baile de moda en el país, que más vale que conozcamos cuando nos arrastren hasta la pista. “Kay fecc!” (Ven a bailar), nos gritarán, sin escapatoria posible.

Y es que aquí la gente no sigue la “agenda cultural” en el periódico o por internet. La presencia de las salas y artistas en las redes sociales es muy limitada y en pocas pocas ocasiones está actualizada. Más directa es la promoción de conciertos por radio o televisión, en wolof y algo de francés, lo que desemboca una vez más en el tradicional boca-oreja entre amigos. Y hay que tener en cuenta que los horarios, e incluso los escenarios, pueden ser muy relativos, como veremos…

Si quiero saber si este fin de semana toca Thione Seck en la sala Kilimanjaro de Dakar, por ejemplo, es muy posible que mi amiga Ndeye Coumba me conteste que se pasará por la tarde por casa del bajista de la banda, en su barrio, y se informará… ¿Algún concierto de Baaba Maal? No, está de gira, nos informa uno de sus percusionistas, Bada Seck, pero resulta que pronto hay una fiesta de aniversario de Thio Mbaye (percusionista de muchos artistas del país) en la que habrá muchos músicos invitados y… bueno, mañana me dirá dónde es exactamente. Aunque lo más probable es que, llegado el momento, nos metan en un taxi junto a un puñado de senegaleses más (y sus respectivos tambores en el maletero) y acabemos en la fiesta sin saber muy bien donde estamos. Eso sí, afortunados de disfrutar de tan inesperado espectáculo.

¿Youssou N’Dour en Thiossane? Bueno, ahora el “Rey del mbalax” ya no toca tan habitualmente en su sala de conciertos pero la costumbre era que, si estaba en Dakar, ofreciera sendas actuaciones en viernes, sábado y domingo, dejando el lunes para la sesión más rítmica y bailarina protagonizada por la banda que lidera su carismático percusionista y “ambianceur”, Mbaye Dieye Faye. Por tanto, nada más aterrizar en Senegal, la pregunta era: “¿Youssou está en Dakar?”. Si no se encontraba “de viaje” y, efectivamente, la respuesta era afirmativa, los conciertos en Thiossane estaban asegurados. A 3.000 francos CFA la entrada, por cierto (menos de 5 euros).

De acuerdo. No todo el mundo está dispuesto a renunciar a la comodidad y seguridad del hotel. Y quizás se prefiera un viaje organizado. Pero, aún en el caso de que uno no tenga la posibilidad o el deseo de alojarse en casa de una familia local, que es la opción más interesante y nada complicada (especialmente si nos moveremos en un barrio o entorno de “griots”, los depositarios de la cultura musical), insisto en que hay que acercarse a los barrios populares para enterarnos de lo que se cuece por aquí, a veces de un día para otro y sin previo aviso.

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 EL SABAR

Es la estrella, la quintaesencia de Senegal. El sabar es un tipo de tambor y también el nombre del ritmo. Designa, asimismo, la fiesta popular que se baila con este ritmo. Si el “sabar” se organiza por la noche (a partir de las 20 horas), se llama “taneber”, y puede acabar entrada la madrugada. Si no, se entiende que es por la tarde, a partir de las 16 o las 17 horas.

El tambor sabar, a diferencia del djembé de la cultura mandinga, por ejemplo, sólo existe en Senegal. Tiene una forma parecida a una jarra y se toca con la palma y los dedos de una mano y con una baqueta (“galeñe”) en la otra. La piel de animal (comúnmente cabra o vaca) está tensada con unas clavijas de madera, por lo que la manera de mantenerla bien dura y afinada es golpeando estas piezas hasta el fondo (a menudo con piedras recogidas de la misma calle).

 

De él salen un sinfín de ritmos más o menos acelerados, pero con un sonido característico que invita al baile. Hay varios tipos de sabar. El tambor que lleva el líder es  el “thiol” (pronúnciese chól), con un cuerpo algo más grueso y sin apertura en la parte inferior, lo que le da un sonido más grave, seco. El más alto y estilizado es el “nder”, que suele colocarse recostado encima de una silla y proporciona los solos más agudos. A menudo el nder ejerce también de “director”, y lleva una tela para que el pecusionista pueda colgárselo de la espalda y andar mientras toca. El “tunguné” (el más pequeño) y el “mbeng mbeng” (el mediano) aportan las fuertes bases al conjunto, cuyo metrónomo es el retumbar bajo del “dundún”, un gran tambor cilíndrico omnipresente en África occidental.

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Intérprete de tama con una propina en la boca, en una fiesta en un barrio de Dakar

EL TAMA, EL TAMBOR QUE “HABLA”

Mención aparte merece el “tama”, la variante senegalesa del “talking drum” que encontramos en los países del África occidental. Con esta expresión inglesa (el tambor que habla) se designa a los tambores de axila que disponen de una piel en cada apertura, ambas tensadas por cuerdas entre los dos extremos. Esto permite variar el sonido, más agudo o más grave, presionando las cuerdas con el brazo contra el cuerpo mientras se toca con una pequeña baqueta en la mano derecha y tres dedos (central, anular y pequeño) de la mano izquierda. El resultado es, en efecto, el de un tambor que “habla”, y su cautivador sonido es también parte indisociable de la música en Senegal.

De hecho, ha habido muchos bailes de moda en los que el protagonista absoluto es el tama, como el “ventilateur” (ventilador), por los circulares movimientos de los traseros femeninos que lo caracterizan, o el “lembeul”. En estos casos el intérprete de tama se acerca a la bailarina, animando y provocando crecientes sacudidas pélvicas, en un excitante diálogo con evidentes connotaciones eróticas.

Hay auténticos maestros del tama en Senegal que son pieza clave en las bandas de los músicos de más renombre. Los “top” de la lista son sin duda Assane Thiam (tama de Youssou N’Dour) y Massamba Diop (de Baaba Maal), pero sin olvidar a Samba Ndokh, que ha tocado con infinidad de artistas, desde Cheikh Lô al difunto Ndongo Lô, o a Lat Mbaye, cuya tama se oye en discos de Viviane N’Dour o Titi, por ejemplo. Pero hay que estar atentos a la efervescente escena musical porque despuntan nuevos talentos con fuerza. Una joven estrella del tama es, sin ir más lejos, Yatma Thiam, hijo de Assane Thiam. Además de su parecido físico, ha heredado su talento para “hablar” con el tambor y ya se lo disputan los grandes artistas desde que figuró en las filas de Ceddo y más tarde la mismísima Viviane N’Dour.

EL BAILE

Decir sabar es decir ¡baile! El ritmo y la danza son un matrimonio tan indisoluble que traspasa los límites de la fiesta, de la celebración de un evento, para invadir, quizás como en ningún otro país de África, la vida cotidiana. Porque si la música senegalesa se oye a todas horas y en cualquier rincón (en los taxis y car-rapides, las tiendas, en un atronador altavoz en mitad de la calle…), los senegaleses están siempre a punto para marcarse un paso a la mínima ocasión. Te muestran su amplia y blanca sonrisa, entornan los ojos con picardía, se cogen con una mano parte de su holgada ropa, levantan la otra  y… “tas-mbatás!”. El jolgorio está garantizado en plena calle o en el salón de la casa a la que fuimos de visita.

Los niños chillarán, las mujeres darán palmas entre gritos, más de un espontáneo se sumará a dar unos saltos y todo acabará entre risas y buen rollo asegurado. Y si es el “tubab” (el turista blanco) el que baila, bueno, entonces los gritos se oirán hasta la Casamance, mientras alguien alertará a medio barrio para que no se pierdan el espectáculo. Se formará un corro, te cantarán el ritmo con la voz, y saltarás hasta perder el aliento, bañado en sudor y con una ovación general.

He dicho saltos y es que el baile sabar es esencialmente aéreo (aunque hay maestros de danza, como Yama Reine du Sabar, que no están de acuerdo que en el sabar se pueda hablar de “saltos”). Estaremos de acuerdo, en cualquier caso, en que es pura fuerza que flota en el aire gracias a los movimientos cíclicos de brazos y piernas. El tronco, como si hubiera sido privado de la gravedad, parece suspendido mientras el danzarín se mueve con el estallido de los mbeng-mbeng. Para el neófito, un simple paseo por Youtube con palabras clave como “sabar” o “taneber” le dará una idea de esta maravilla que, no obstante, resultará complicada de entender al común de los “tubabs” educados en los simples ritmos binarios de la música pop, a lo sumo ternarios. ¿Pero cómo cuentan los pasos?, se preguntará, tan extasiado como aturdido. Imposible sumarse al baile de forma decente sin una base previa, sin una inmersión gradual.

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Los ritmos del sabar son complicados, en efecto. En este sentido se podría comparar con el flamenco, con sus palos bien diferenciados pero díficiles de pillar para el no iniciado. La clave del baile sabar es, en primer lugar, que se basa en la improvisación, y, en segundo lugar, que es el percusionista el que sigue al bailarín y no al revés. Eso sí, hay que estar dentro del tiempo. Y el que baila estará atento a las “llamadas” del músico para cambiar un paso o clavar el final. El baile es aquí un acto supremo de creación donde prima la expresión individual. Hay minuciosas y larguísimas coreografías ensayadas por grupos, obviamente, pero incluso dentro de un “ballet” profesional  la esencia del sabar es el “solo”, la expresión individual, con sus toques divertidos y a menudo provocativos. Los mejores bailarines son los que, además de dominar todas las danzas de moda, crean su propio estilo y sorprenden con originales ocurrencias que encandilen al público. Y siempre con un “sourire” (sonrisa) en la boca y en la mirada. Aquí bailar es ser libre y feliz. Nada de caras largas.

 ASISTIR A UN SABAR O TANEBER

Decir que la experiencia de asistir a un taneber en Senegal es algo que nadie debería perderse es casi innecesario, puesto que aquí uno no busca la música y el baile: son ellos los que te encuentran a tí. Es muy fácil toparse con un sabar (o su versión vespertina-nocturna, el taneber) en cualquier cruce de calles sin asfaltar, arenosas, de un barrio popular. Basta con seguir el repicar de los tambores desde lejos… hasta descubrir el corro de gente.

La fiesta, que puede alargarse durante varias horas, condensa con toda su energía e intensidad el poder de la danza sabar en su expresión más genuinamente popular. Porque aquí, aunque también se pueden ver a músicos y bailarines profesionales bien conocidos del país, es donde cualquier vecino del barrio -sobretodo las mujeres- tiene su momento para desinhibirse. Por un día aparcan sus problemas, su rutina y su cansancio por el calor sofocante para saltar a la plaza a maravillar a propios y extraños con algo que está al alcance de todo el mundo, sin distinción de edad, sexo o forma física: bailar. Desde guapas esbeltas a ancianas entradas en carnes, aquí todas son bienvenidas: la belleza está en el ritmo y la gracia para moverse.

Podemos sumarnos como público sin problemas a un sabar, aunque lo mejor es haber sido invitados o simplemente conocer alguno de los percusionistas que tocan ese día. Ello nos permitirá ser partícipes de los preparativos. Oíremos los ritmos de los bailes que preparan en algún ensayo improvisado en cualquier patio de una casa del barrio y, eventualmente, nos darán una breve lección coreográfica. Si aprendemos algunos pasos, no hay duda de que, sin escapatoria alguna, tendremos que mostrarlos en directo ante una masa enardecida. Condición esencial: hay que vestir elegante, ya sea con un “bubú” tradicional que alguien nos habrá prestado o regalado, o con nuestro ‘look’ occidental. Mejor evitar los pantalones cortos, las camisetas gastadas o las zapatillas de trekking que aún llevan barro de la última excursión… Planchados y aseados nos sentiremos más cómodos entre tanto despliege de elegancia africana.

Otro consejo es armarse de paciencia y no ir con prisas. Si nos dicen que el sabar es “vers 16 heures” (hacia las 16 horas) o el taneber es “vers 20 heures” (hacia las 20 horas), no hay que contrariarse si la movida no empieza de verdad hasta 2 horas más tarde. Lo primero es colocar las sillas en círculo hasta ocupar todo el cruce de calles e instalar el equipo de sonido y luz. El ir y venir con cables, grupos electrógenos, focos, amplificadores, cámaras de vídeo y micrófonos puede llevar mucho rato, pero es cuando los niños del barrio campan a sus anchas. A menudo intentan bailar los pasos de los mayores o emular a los percusionistas con una botella de plàstico vacía o una lata a modo de tambor. Son los momentos que podemos aprovechar, también, para las relaciones sociales.

Los sabar, por cierto, también se organizan en formato más pequeño en patios de casas particulares en ocasión de bodas, bautizos o fiestas de circuncisión. Se pueden encontrar en estos eventos a músicos de la talla de Assane Thiam, por ejemplo, o a su hijo Yatma Thiam.

En un momento dado, y con cada vez más mujeres sentadas esperando con sus coloridas galas, los músicos ocupan sus lugares en un extremo del círculo, delante de sus respectivos sabars, y los prolegómenos dan paso a la fiesta. No parece haber un momento concreto de inicio, sino que la cosa va “in crescendo” y poco a poco van animándose las mujeres a situarse delante de los tambores para bailar. De una en una, en parejas o en grupo, las mujeres bailarinas se apoderan de la noche. Es su gran día y nadie les puede usurpar su reinado.

Los “tubabs” (blancos), impacientes por naturaleza, tienden a pensar que, visto un baile, visto todo. Gran error. Recomiendo nuevamente la paciencia africana para disfrutar de la fiesta entera. Aunque el atronador ritmo de los sabars nos parezca siempre el mismo, lo cierto es que hay unos pasos bien diferenciados que se van sucediendo con un guión más o menos establecido, y que tiene su clímax al final, cuando se mezclan los ritmos de moda y llega el desmelene. “Ambiance”, la llaman. Y aquí bailan también los hombres, ya sean los propios músicos del grupo, que saltan al ruedo como uno más, o bailarines experimentados del barrio que salen a presumir de su virtuosismo coreográfico. A menudo se cuela algún profesional bien conocido que desata pasiones. Es una especie de “jam-session” bailonga en la que puede pasar de todo.

Según me cuenta uno de mis maestros de baile, se suele abrir el sabar con la llamada del “Faru-Diar”. Sigue el “Tiebu-Dien”, ritmo acelerado que es también el nombre del plato nacional de Senegal (“tieb”=arroz; “dién”=pescado). Las aguas se calman un poco con el “Barambaye” para seguir con el “Ndethe”, el “Mbabás” y el “Lembeul”. Y es aquí donde el grupo suele meter, en un “medley” improvisado y siguiendo un poco las peticiones de las anfitrionas, los ritmos del momento o de moda en tiempos recientes: “Thiakagoune”, “Goana”, “Youza”, “Tak cirip”, “Ninbal” o la última sensación, el “Mbrohé mbrokhé” (que también es nombre culinario, por cierto), no suelen faltar.

En su momento fue muy popular también el “ventilateur”, en alusión a la vertiginosa rotación de nalgas de las bailarinas, pero ha caído un poco en el olvido. Éste y otros pasos con fuerte carga erótica –que el percusionista del tama se encarga muy mucho de subrayar- llaman la atención sobre cómo una sociedad musulmana como la senegalesa, aparentemente recatada y conservadora de día, especialmente para las mujeres, puede desmelenarse con la fuerza del sabar. Uno de los bailes que me dejó atónito fue, por ejemplo, el que llaman “coucher” (acostarse), en el que la mujer se echa al suelo boca abajo y empieza a mover la pelvis… Creo que no he visto nada más sexual ni provocativo, y no sólo en un país musulmán… Invito a descubrirlo.

Y es que algunas autoridades religiosas de Senegal ya han puesto el grito en el cielo, alarmados, por ciertos “excesos” del baile en los nuevos tiempos del sabar. La presión social, a menudo exagerada por habladurías sin fundamento, ha extremado el celo y ahora es más complicado sacar fotos o grabar vídeos de la tórrida noche senegalesa. En las salas de conciertos y discotecas de Dakar, sin ir más lejos, se ha impuesto un férreo control de cámaras que, por desgracia, ha llegado al absurdo: una vez no se me permitió ni tan sólo que un amigo senegalés me sacara fotos (a mí, con mi cámara) cuanda iba a hacer un solo.

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Soirée sénégalaise en el Alizé Club de Dakar

“SOIRÉE SÉNÉGALAISE” (ÇA VA CHAUFFER!)

Lo que se llama “soirée sénégalaise” no es otra cosa que un taneber organizado en una sala o “boîte de nuit”. Toda la “ambiance” del sabar tradicional se traslada bajo techo y en un ambiente de discoteca moderna. Son los mismos tambores y los mismos ritmos pero en otro horario y con la opción de vestirse a la manera tradicional o moderna: pueden convivir los anchos bubús y babuchas de piel con las americanas y corbatas, y las “pagnes” (telas africanas) con faldas ajustadas y tacones de vértigo. Si algún blanco viene de la playa con sus shorts y chancletas… por favor, ¡que pase por casa a cambiarse!

Si nos enteramos de que hay una “soirée sénégalaise” en un club de Dakar, por ejemplo, hay que tener en cuenta que, pese a la hora anunciada, lo más probable es que la velada no empiece a “chauffer” (calentarse) hasta la 1 de la madrugada. Y mi experiencia es que la hora punta de público y ambiente se suele situar entre las 2 y las 3 de la madrugada. La sorpresa es que, lo que ha tardado tanto en empezar, se da por concluído en seco, sin previo aviso y sin bises posibles, hacia las 4 de la madrugada. De repente, y aunque el baile esté en su apogeo, los sabars callan y el público desaloja la sala inmediatamente y sin más rodeos. En algunos casos puntuales, la fiesta dura hasta las 5 o incluso más tarde.

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Grupo de cantantes en un kasak, con un chico recién circuncidado

 

“FAUX LION”, LA LUCHA SENEGALESA Y LOS KASAKS

Hay otras ocasiones relevantes para disfrutar de la danza sabar. Una muy interesante es la celebración  del “Faux lion” (falso león), también llamada “Simb” en wolof, que tiene lugar en la calle y está dirigida sobretodo al público infantil. Las otras son los kasaks (fiestas de circuncisión) y los campeonatos de lucha tradicional.

El “Faux lion” es una fiesta que tiene sus raíces en ciertos ritos de posesión asociados a los cazadores o personas que, en el pasado, cuando la mayor parte del país era una selva, habían sobrevivido al ataque de un león. Organizada normalmente en período de vacaciones escolares o en el Día de la Juventud o de la Independencia, por ejemplo, el “Faux lion” es una animación muy popular que entretiene a los más jóvenes del barrio… pero también les aterroriza. Mucho cuidado, porque hay que comprar un tiquet para poder asisitir a la función, aunque ésta sea en la calle. Por ello en todo momento los niños sujetan con los dedos este preciado tiquet, bien visible, porque saben que… si les pillan sin él, el León les va a infringir un severo castigo ante todo el mundo. La humillación, a veces con un punto cruel, pasa por obligarles a ponerse de cuatro patas, mojarlos y llenarlos de polvo y hasta recibir algún golpe. La cara de pánico de la pobre víctima lo dice todo.

El tíquet tiene un precio irrisorio, asequible a todo el mundo, pero a menudo algún niño no tiene un familiar a mano que le pase una moneda o, simplemente, pasaba por allí y se acerca demasiado a curiosear un poco, pensando que desde tan lejos no lo van a pillar. Pero el León lo ve todo y, rapidísimo, se lanza a la multitud en búsqueda del intruso sin billete, aunque éste se crea a salvo encima de un tejado…

Hay un chico disfrazado del maléfico león y otros que se visten de sus mujeres. Son los llamados “gor-jiggen” (una mezcla de hombre y mujer, o travestis, en wolof), que van estrafalariamente maquillados. Pero, atención, porque bajo estos disfraces se esconden normalmente estupendos bailarines y músicos. Al ritmo de los sabar que los acompañan, el festival danzarín está más que asegurado. Y los espontáneos (forzados o no…), también.

No puede faltar la danza, tampoco, en los campeonatos de lucha senegalesa (“làmb”)en los estadios, donde reconocidos percusionistas caldean el ambiente con su grupo y transmiten fuerza a los musculosos contrincantes. Eventualmente, estos gigantes de la lucha se marcan unos pasos al ritmo del sabar para el delirio de sus fans. Son pequeñas coreografías que forman parte del espectáculo junto a los rituales que envuelven siempre la “mística” de la lucha tradicional. Los luchadores, protegidos con sus “gri-gris” mágicos (amuletos), son alabados por los cantos de los “griots”, llamados “Baccou”, mientras las mujeres habilladas con sus coloridas ropas tradicionales les regalan el baile llamado “Ndawrabine”. No hay duda de que hasta los más reacios a los deportes de lucha van a disfrutar de este apasionado y rítmico show.

Por último, están los kasaks, las fiestas de circuncisión. Los chicos circuncidados deben pasar tres días sin tocar a nadie con la mano, durante los cuales visten una ropa blanca especial y sujetan un pequeño bastón. Llegado el día, el kasak se celebra con un animado sabar en el que los chicos, generalmente dos o tres, también saldrán a bailar. Además de la percusión, son habituales los cantos de los griots para esta ocasión. Youssou N’Dour, por ejemplo, empezó a despuntar su voz dorada en los kasaks cuando era apenas un jovencito. Era tan solicitado por su preciado falsete que debía ir a varios barrios de Dakar en un mismo día.

 

 

© Texto y fotos de Carles Cascón, 2014
WARNING: PUBLISHING IN PRINT OR DIGITAL MEDIA IS STRICTLY FORBIDDEN UNDER PENALTY OF LAW. Thanks for sharing this blog by using links!

* Nota: los fotos están escaneadas de unas copias en papel (macro-contactos, en realidad), ya que en aquellos viajes aún utilizaba cámara analógica con carretes… He intentado mejorar la calidad con algún retoque, pero sin mucho éxito.

Acerca de Carles Cascón

Periodista y fotógrafo de Sabadell (Barcelona)
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3 respuestas a La música y el baile en Senegal: el poder del sabar (1)

  1. Por cierto, se me olvidaba… Mil gracias a Valérie Espinasse por la revisión del texto y sus útiles sugerencias!! Jerejeff waye, Val

  2. Javier dijo:

    Muchas gracias por tu blog. Voy dentro de 20 días a Dakar y estoy empezando a bailar ya.

    Un slaudo

    • Vaya, me alegra que te haya interesado. Y, por encima de todo, ¡que te anime a bailar! Gracias por tomarte el tiempo de escribir el comentario y que disfrutes mucho del ritmo y la teranga de Senegal P.S. Por cierto, cuéntanos las novedades a la vuelta!

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