Kenia 2014: Kakamega Forest, la última selva tropical de Kenya

Kakamega

Ficus Lutea de más de 300 años

Marzo 2014.- Cubriendo una área de unos 240 quilómetros2 en la provincia Oeste de Kenya (Western Province), a 420 km. de Nairobi y a una altura de entre 1.500 y 1.700 metros sobre el nivel del mar, el Kakamega Forest se presenta merecidamente como un “Canopy of natural beauty”.

Es lo último que queda en Kenya de lo que fue la gran selva húmeda tropical que atravesaba África Central de punta a punta. Bastante accesible pero poco visitada por turistas que prefieren satisfacer su cuota de vida salvaje africana con las sabanas del Masai Mara o el Tsavo, el bosque de Kakamega es famoso por albergar centenares de especies (muchas de ellas endémicas y una parte seriamente amenazadas) de aves, serpientes, monos, mariposas y otros insectos, pequeños y medianos mamíferos y, por supuesto, sus impresionantes árboles gigantes. Un patrimonio natural sin igual que se visita a pie, en plena comunión con este hábitat verde y denso por donde asoman de vez en cuando bellas cascadas o colinas con preciosas vistas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEn todo ello iba pensando yo, sentado en el matatu que me llevaba desde Kisumu a la ciudad de Kakamega, primera parada antes de dirigirme al parque, cuando recibí un SMS en mi móvil keniata. Era del Samba Marina Hotel, del que huí por la noche (dando por perdido el dinero de la habitación) por el retumbar insoportable de sus discotecas. En el mensaje me preguntaban, a modo de encuesta, por la satisfacción del servicio recibido (!) en el establecimiento. Me hizo gracia. Decidí contestar con una crítica constructiva al respecto (“todo excelente, buen trato, etc. excepto las discos”). El “manager” me contestó amablemente que estaban trabajando en cómo “reducir el impacto”… Buena suerte.

En un autobús africano puedes encontrarte personajes de lo más curioso. Como vecinos tenía a un chico leyendo en una tableta Kindle y, al otro lado, un hombre que cargaba un montón inmenso de cartones que formaban una altísima columna algo inclinada que amenazaba en caer sobre alguien en cualquier momento. Yo me creí afortunado de que me acomodaran mi equipaje dentro, en el asiento de la última fila, y me senté cómodamente a la contigua. Pero esto es África y pronto se impuso su lógica: empezó a llenarse más y más el vehículo hasta que descubrí, claro, que mi equipaje y yo debíamos ocupar la misma plaza… Nos tocó apretujarnos en la última fila.

Kakamega.8Llegamos casi de noche a Kakamega tras una hora y media larga. Me había pasado el día llamando y enviando mensajes a mi contacto en el municipio, una tal señora Violet, pero sin ninguna respuesta. Y no tenía ni idea de donde vivía. Ella tenía que ofrecerme alojamiento en casa de su familia (acepté porque me apetecía un poco de inmersión), pero no daba señales de vida desde la noche anterior. Por fin, respondió cuando la batería de mi móvil estaba a punto de extinguirse: nos veríamos en Kakamega. Estaba en camino ¿En camino? ¿Desde dónde?

Había empezado a llover un poco cuando salté a la calle principal de una Kakamega ya demasiado oscura y busqué cobijo arrastrando mi equipaje, cruzando la calle húmeda entre el tráfico y ante las miradas de la gente del lugar… ¿Adonde va este blanco solo a estas horas?, se debían preguntar. Violet me habló de un café de la zona y creí entender que sería el Tour África Café, a pocos metros de donde estaba yo. Me refugié allí dentro, esperando no haberme equivocado, me pedí un zumo Picana de mango, y me dispuse a esperar. No tenía ni idea de cuánto tiempo tardaría, así que alargué al máximo el zumo, sin quitar ojo de mi equipaje. El bar se llenaba y un par de africanos se sentaron en mi mesa. Ya era de noche y quién sabe por donde andaba Violet, que se había pasado el día cargando su móvil apagado…

La buena mujer apareció finalmente por la puerta del Tour África Café pero resulta que no vivía en Kakamega sino a…en un “village” a unos 40 minutos de allí. Detalle que había omitido hasta el momento, aunque defendió que era un buen lugar desde el que llegar a la entrada del parque. Pero le dejé claro que no quería viajar de noche en matatu, y menos lloviendo, así que, muy amable, se ofreció llamar a un tal Pastor Joseph Shamala amigo suyo para ver si me podía hacer un hueco en su casa. En África los planes B acostumbran a funcionar y así fue. El hospitalario pastor y su mujer, respetados representantes de la Kakamega Friends Church, me ofrecieron una cama en la habitación de los niños en su tranquila residencia y le agradecí a Violet el haberme evitado el paso por la Kakamega Guest House, al pie de la bulliciosa vía principal.

Mientras, intentaba contactar infructuosamente con otra persona mucho más importante para mí: mi guía Nixon. Me pasó su nombre y teléfono una periodista española que vive en Kakamega, María, a la que había conocido a través de su blog tiempo atrás, mientras me documentaba sobre el viaje. Había logrado hablar con Nixon antes y entendí que nos encontraríamos aquella misma tarde a mi llegada a Kakamega para planificar la visita al parque a la mañana siguiente, pero ya me había avisado que estaba con un grupo en algún lugar del bosque y que quizás tendría problemas de cobertura. Lo que no me dijo es que continuaría incomunicado y ocupado hasta el día siguiente…

Me puse la alarma a las 6 de la mañana y al día siguiente empecé a llamar y mandarle mensajes a Nixon, que no dio señales hasta alrededor de las 7, una hora que se me antojaba ya un poco tarde para ver a según que especies del Kakamega Forest. El famoso De Brazza’s Monkey, por ejemplo. Mmmm… Entonces me dijo definitivamente que él no podría acompañarme (porque efectivamente se había tenido que quedar en el bosque) pero que, “no problem” llamaba a otro guía amigo, un tal Salomon, y él se ocuparía de mí.

Un par de llamadas y unos minutos más tarde nos encontrábamos en la Total Petrol Station y con un precio razonable pactado de antemano con Nixon: 1.000 Ksh para el guía (más 200 Ksh. para su transporte) y aparte los 25$ de la entrada al parque (tarifa de adulto no residente). Unas compras básicas en el supermercado (comida y un paraguas Made in China, porque amenazaba lluvia) y nos montábamos en una moto-taxi hacia la entrada, a unos 12 km. de la ciudad.

El Kakamega Forest está dividido, en realidad, en dos partes: norte y sur. La del norte (Kakamega Forest National Reserve) está gestionada por el Kenya Wildlife Service (KWS) y es reserva nacional desde 1985. La entrada es más cara (25$) pero cuentan que el bosque no ha sufrido tanto el impacto de la actividad humana. Para visitar el sur (área de Isecheno), basta con pagar 650 Ksh por persona.

Recomendado por los guías, me decidí por el norte, que ocupa uns 44 km2 de bosque. map-of-Kakamega-Forest-National-ReserveTanto en una parte como otra hay posibilidad de alojarse en la reserva, pero en general son habitaciones básicas, con o sin equipo de cocina, en los que hay que traerse todo de fuera para preparar la comida (Udo Bandas y Isukuti Guest House). También se puede acampar. La principal ventaja de dormir allí es que uno puede madrugar y ver según qué especies de pájaros o primates que sólo es posible avistar en momentos concretos y en zonas muy limitadas.

Sobre cuál es la mejor época de visita, hay que tener en cuenta que de abril a mayo hay fuertes lluvias, junio suele ser un mes seco y entre agosto y septiembre se esperan “short rains”, o sea, otra vez lluvias pero menos intensas. Enero y febrero son los meses más recomendados para ir, aunque la época seca se espera entre diciembre y marzo.

Salomon resultó ser un extraordinario conocedor de los pájaros del bosque de Kakamega, que incluye hasta 488 especies. Podía identificar al momento a un Yellow billed barbet o un Red tailed bristlebill con sólo oír su canto entre los arbustos, a pocos metros de nosotros. Los años vividos desde pequeño en este parque han sido todo un máster para este experto guía. En más de tres horas andando por pequeños caminos de la selva vimos (bueno, él vio algunas más que yo) un montón de especies bellas y fascinantes que luego pedí que me anotara porque era difícil retener su nombre en inglés.

Yellow billed barbetRed tailed Bristlebill

Cardinal woodpeckerVer y oír a pocos metros, por ejemplo, a un Cardinal woodpecker (Pico Cardenal) golpeando con su pico el tronco de un árbol en busca de la madera más idónea para hacer un agujero, quizás no es lo más extraordinario que pueda sucederle a uno en Kakamega (este pájaro carpintero está ampliamente extendido en el África Subsahariana) pero resultó emocionante para mí.

Más fotogénico, claro, resultó el Black & white casqued horbill, con su extravagante pico grisáceo de grandes dimensiones, como si llevara un “casco” de gran tamaño.

Recorridos por el bosque

En el bosque hay varios recorridos marcados para avistar animales o llegar a árboles concretos de grandes dimensiones que son auténticas piezas de museo naturales y centenarias en esta naturaleza única que abraza y engulle al visitante con su verde intenso, sus olores, sus sonidos… Con su impresionante diámetro, sus enormes raíces y sus más de 300 años de antiguedad, el célebre Ficus Lutea más viejo de Kenia es toda una atracción en el bosque de Kakamega. Su nombre local es Mukavakava.

Otro fenómeno muy sorprendente y espectacular es el de los árboles que germinan en las ramas de otro árbol, descienden en forma de gruesas lianas y, al cabo de los años, cubren y ahogan mortalmente a su árbol víctima, que queda atrapado en el interior. Árboles devoradores de árboles, podríamos decir.

Andando lenta y sigilosamente entre los majestuosos árboles, hay que estar muy atento para no perderse el vuelo fugaz de cualquier atrevido visitante con alas entre las hojas. El silencio del bosque sólo es roto por el leve crujir de las hojas bajo nuestros pies y los cantos de pájaros y aullidos de los monos, que de vez en cuando se agitan allá arriba como avisando que nadie nos dio permiso para entrar.

Eso sí, hay que llevar unos buenos prismáticos y asumir la idea de que fotografíar con buen resultado a algún animal será tarea casi imposible… Mejor dejar de lado la cámara (a no ser que tenga un objetivo muy potente y luminoso que nos permita disparar a mucha velocidad en este lugar con poca luz) y disfrutar del momento conteniendo la respiración.

No costó mucho observar entre las ramas a varios ejemplares de monos como el Black & white colobus Black & white colobus monkeymonkey, Red tailed monkey, Bushy tailed monkey o Blue monkey, incluso alguna ardilla (Bushy tailed squirel) pero, lamentablemente para mí, cualquier esperanza de gozar de un De Brazza Monkey se desvaneció: Salomon me contó que había que estar antes de las 6 de la mañana en un pequeño claro del bosque especial y… tener mucha suerte. Este primate de larga barba blanca (por ella se le conoce también como el Ayatollah Monkey) toma el nombre del explorador italo-francés Pierre Savorgnan de Brazza.

El recorrido a solas con mi guía fue una delicia que tuvo parada en un bello mirador en forma de construcción de madera, donde había en ese momento un grupo de escolares keniatas. Se encuentra en el llamado Buyangu Hill y desde allí se ve una impresionante vista de toda la selva por el lado sur. Desde aquí bajamos hasta un camino que llevaba a una preciosa catarata, Isiukhu Waterfalls. Como curiosidad, el camino principal que atraviesa el bosque es el lugar de paso diario de habitantes de la zona, por ejemplo niños que deben cruzarlos para ir a la escuela.

Tras pasar por una pequeña aldea, Salomón y yo resolvimos llamar a una moto-taxi para que nos acercara a la puerta principal. Fue una buena idea, ya que empezó a llover. Justo a tiempo. Como regalo final que quiso hacerme el bosque de Kakamega, mientras esperábamos al motorista se plantó en un árbol a nuestra derecha un fantástico ejemplar de Black&white casqued hornbill, al que fotografié a toda prisa bajo la lluvia.

Black&white casqued hornbill

Black&white casqued hornbill

Feliz por tan bello recorrido en las entrañas del Kakamega y sus moradores, sólo quedaba dar buena cuenta del pícnic que nos habíamos traído. Para sorpresa mía, Salomon me indicó que podíamos comer en la oficina de la entrada del parque, en la mesa donde acabámos de escribir en el libro de visitas. No se atrevió a probar el jamón ibérico que me traigo siempre envasado al vacío desde casa para estas ocasiones (los africanos, aunque no sean musulmanes, miran con recelo cualquier carne que no vean bien cocinada o enlatada) pero sí que disfrutó, montadas en el pan, unas deliciosas sardinas en lata. A falta de sillas, aprovechamos una especie de pupitre que había en la sala, como sacado de una escuela.

Tras recoger las migas y dejar todo otra vez en su sitio, nos despedimos de los guardas del KWS y volvimos en moto a la ciudad de Kakamega. Paré en el Mama Watoto Supermarket para comprar Coca-Cola, patatas fritas y yogures para los niños del Pastor Shamala, recogí mi equipaje y salí en matatu para Kisumu. No había tiempo para más. Frente al supermercado, por cierto, pude encontrarme al fin con Nixon, el que tenía que ser mi guía.

Quizás en otra ocasión podría conocer con él algún ejemplar más de la fauna del Kakamega Forest. Según el KSW, entre los mamíferos cabe destacar a los Bush Pig, Duikers, Bushbuck (antílope jeroglífico), Clawless Otter (nutria sin garras o nutria de mejillas blancas), Mongoose (mangosta), Giant Otter Shrew (musaraña nutria), Tree Pangolin (pangolín arborícola) o Porcupine (puercoespín. En cuanto a serpientes, mayomente originarias de África Occidental: Gold’s Cobra, Forest Night Adder (venenosa víbora conocida también con el nombre de Lichtenstein), Black-lipped Cobra, Jameson’s Mamba, o las temidas Bush Viper, Rhinoceros-horned Viper y Gabon Viper.

De todas formas, a muchas de ellas las podría saludar personalmente unos días después en la BioKen Snake Farm de Watamu. Pero esto ya sería en la costa del Índico…

Nuestro balance final de la visita de algo más de tres horas a pie:

Mamíferos avistados

Black & white colobus monkey

Red tailed monkey

Bushy tailed monkey

Bushy tailed squirel

Blue monkey

Pájaros avistados

Blue shouldered Robin chat

Martial Eagle

Joyful greenbul

White tailed ant thrush

Black&white casqued hornbill

Cardinal woodpecker

Pájaros escuchados

Olive green camaroptera

Yellow billed barbet

Yellow spotted barbet

Black faced rufous warbler

Uganda woodland warbler

Red tailed bristlebill

Brown chested alethe

© Texto y fotos de Carles Cascón, 2014
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NOTA:  Las fotografías de aves y monos corresponden todas a ejemplares avistados durante nuestro recorrido por el Kakamega Forest pero, tal como consta en los créditos, son tomadas de otras webs por carecer de imágenes propias.  Una excepción es la fotografía propia del Black&white casqued hornbill.

Acerca de Carles Cascón

Periodista y fotógrafo de Sabadell (Barcelona)
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